La gran batalla por la libertad

Un día, un vagabundo y otro de sus secuaces atacaron a pedradas mi casa. Mi familia estaba muy asustada y mi hija se puso a llorar. Entonces tomé mi rifle y les disparé. Herí a uno pero escaparon. Mis vecinos me dijeron que si los provocaba, iban a atacarme pero…Yo no provoqué nada! Esos vagabundos eran peligrosos para la libertad y seguridad de toda la cuadra y de la ciudad! Era mi deber disparar a matar, aunque fallara, debía intentarlo por el bien de la comunidad.

Gatito Libertador

Uno de mis vecinos que vive en la calle de en frente, se acercó al otro día muy enojado a hablar conmigo. Dice que uno de los disparos impactó en su auto. Me ofusqué. Me ofendí. Este hombre se quejaba de su auto? Yo estaba defendiendo mi hogar, mi familia y mi libertad de caminar tranquilo por la calle. El vecino y yo terminamos en una discusión acalorada. Me pedía que pague por los daños a su vehículo. Por favor! Pagarle? Le hice un favor sacando a esos vagabundos de la zona. O es que acaso este vecino estaba confabulado con ellos porque envidiaban mi casa, mi modo de vida y querían quitármelo? Tal vez sea eso. En ese momento, comencé a golpear a mi vecino. Luego de desmayarlo a golpes fui a su casa y con mis hijos mayores, establecimos el orden allí. Es que sus hijos tenían tatuajes, aros y piercings. Esa casa era un descontrol y el padre era quien mandaba allí sin dejar que sus hijos decidan. Había que establecer un nuevo orden en ese hogar. Lo hicimos un lugar mejor luego de restringir su libertino modo de vida. Era necesario.

Algunos vecinos de la cuadra me lo agradecían. Otros se enojaban. Seguramente porque también eran de esa clase de libertinos indisciplinados. Pero teníamos que cambiar el escenario. Nos unimos a otros vecinos y comenzamos a limpiar la cuadra.
Entrábamos a casas sospechosas de tener armas o cualquier mensaje anárquico que pudiera afectarnos. Manteníamos el control.

A veces, alguna vecina venía a avisarnos que “en alguna casa, sucedía algo raro”. Jóvenes entraban y salían. Entonces debíamos actuar. Era posible que estuvieran confabulando contra nosotros y nuestro modo de vida!

Un día, el intendente de mi ciudad declaró que éramos peligrosos para la comunidad y que debíamos detenernos o enviaría a las fuerzas del orden. Con mis aliados nos horrorizamos. Este tipo decía que nosotros éramos los peligrosos?! Pero si nosotros somos los buenos! Estamos peleando por la libertad!
Esto no podía seguir así. Teníamos que tomar acciones urgente.

Mis colegas, algunos de ellos del ejército y la policía comenzaron a movilizarse y de repente, teníamos un pequeño batallón de combate. Tendrías que habernos visto. Éramos intimidantes. Algunos estábamos fuera de forma pero, Dios, que bien nos veíamos.
Un día, estábamos listos. Teníamos armas, municiones, equipamiento y tácticas. La intendencia no tenía idea de nuestro ingenioso plan para recuperar la libertad y seguridad de nuestra comuna así que…ATACAMOS! Algunos custodios nos dispararon, hirieron a muchos de nosotros y dos de los nuestros murieron pero, fue por una causa justa.

Tomamos el control de la ciudad aunque ahora, nos encontramos en una batalla constante. La gente quiere alzarse contra nosotros todo el tiempo a pesar de que les mostramos en los medios locales una y otra vez los beneficios de ser como mi familia, yo y mi grupo de aliados. Hay muertos todos los días en la ciudad debido a esto.
La ciudad y la provincia ahora están sumergidas en un caos que debemos tratar de controlar constantemente, mi familia vive con miedo pero a pesar de todo ahora son libres.

Ayer, al cumplirse un año de nuestra gran cruzada, homenajeábamos a nuestros dos héroes y hacíamos una fiesta para los heridos de nuestra gran causa, mi hijo de 5 años me preguntó:

-Papá, cómo empezó todo esto? Por qué?.

– Bueno hijo mío, un día salí de casa. Fui al almacén de la vuelta y encontré un vagabundo cuya cara y el relato que me dio sobre la vida, me pareció peligroso. Hablaba de que él era budista y no se qué de su religión. Cuando salí del almacén vi que el vagabundo continuaba allí y hablaba de eso con otras personas. No me agradó eso. Vos aún eras muy chiquito pero tal vez recuerdes que llegué a casa, tomé un rifle, volví a buscarlo y lo amenacé. Es que ese vagabundo a una cuadra y media de mi casa, amenazaba nuestra libertad y la de la familia.

– Por qué?

-Bueno, es obvio que en algún momento podría a atacar la casa, robarnos o quién sabe qué. Además, poseía armas. Estoy seguro que vi un extraño objeto entre sus cosas.

– Pero papá. Si no hubieras atacado al vagabundo, la ciudad no estaría igual que antes? Era tranquila, podía salir con mis amiguitos a jugar al parque e ir al jardín tranquilo.

Esas palabras de mi hijo me impactaron. Es que acaso, ahora mi propio hijo se pone en contra de nuestra libertad?

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